Ayer, mientras mi hija dormía y mi marido estudiaba, dediqué unos largos minutos a releer mis cosillas. A mí escribir siempre me ha gustado y guardo decenas de libretas y diarios en los cajones de mi mesita de noche.
Tengo la libreta azul en la que empecé a escribir lo que viví durante mi año en Irlanda; aquella otra pequeña en la que fui anotando todo lo que sentimos y vivimos sobre la bici durante el Camino de Santiago; el diario de cuadros y con llave en el que hablo sobre… pues eso, mis cosillas. Por supuesto que guardo el diario que me regalaron para mi comunión y donde empecé a escribir asiduamente las tonterías (ahora muy divertidas) de mi adolescencia o edad del pavo, ¡porque de veras que la tuve! Le tengo especial cariño a la libreta gorda y rosa que me regaló una amiga a su vuelta de Suecia en la que escribí cómo viví mi primer embarazo, el parto y la lactancia, y ahora continúo explicando qué hace mi pequeña cada día y cómo crece. ¡Cuando sea mayor seguro que le encanta leerlo! El bloc de notas me sirve para anotar las ideas que se me ocurren mientras nado, mientras conduzco o mientras intento quedarme dormida por las noches. También tengo un recopilatorio de frases que me gustan de los libros que leo.
Releer según qué párrafos me hace sentir un hormigueo en el estómago y me hace volver a vivir momentos increíbles y recordar pequeños detalles como si no hubiera pasado el tiempo. ¡Por eso son mi tesoro!
